La construcción de la segunda línea del metro de Bogotá, uno de los proyectos de infraestructura más estratégicos para la ciudad, enfrentó un nuevo obstáculo: ningún consorcio presentó oferta dentro del plazo establecido, lo que llevó a la Alcaldía a declarar oficialmente desierta la licitación.
El alcalde Carlos Fernando Galán confirmó que, pese a que existían empresas precalificadas para participar en el proceso, ninguna entregó propuesta económica y técnica antes del cierre. En consecuencia, el Distrito anunció que abrirá una nueva licitación internacional, con el objetivo de fortalecer el proyecto y lograr su adjudicación en 2027.

¿Qué significa que una licitación quede desierta?
Para entender la situación, es importante explicar brevemente el concepto.
Una licitación pública es un proceso mediante el cual el Estado invita a empresas nacionales e internacionales a competir por la ejecución de una obra, garantizando transparencia, competencia y uso eficiente de los recursos públicos. Las empresas interesadas presentan propuestas técnicas y económicas, y la entidad contratante selecciona la mejor opción.
Cuando ninguna empresa presenta oferta, el proceso se declara desierto, lo que significa que la obra no puede adjudicarse y debe replantearse el proceso para atraer nuevamente interesados. Esto es precisamente lo que ocurrió con la licitación de la Línea 2 del Metro de Bogotá.
¿Por qué fracasó la licitación?
El proceso venía desarrollándose desde administraciones anteriores y, en su fase inicial, logró atraer el interés de varios consorcios internacionales. Sin embargo, durante la etapa de precalificación, dos de los cuatro grupos habilitados fueron excluidos por conflictos de interés, decisión que contó con acompañamiento de organismos multilaterales.
Esto redujo la competencia a solo dos consorcios. Posteriormente:
- Uno de los grupos chinos decidió retirarse, argumentando riesgos financieros asociados al tipo de cambio.
- El último consorcio restante, de origen español, quedó debilitado tras el retiro de una de sus empresas integrantes, lo que hizo inviable su participación.
A pesar de los esfuerzos técnicos del Distrito —que incluyeron miles de observaciones respondidas y múltiples ajustes a los pliegos de condiciones—, el proceso no logró consolidar oferentes activos al cierre del plazo.
Importancia estratégica del metro subterráneo de Bogotá
La Línea 2 del Metro de Bogotá está concebida como una infraestructura mayoritariamente subterránea, con 11 estaciones y conexión directa con la Primera Línea en la calle 72 con Caracas. Su trazado beneficiaría especialmente a localidades como Chapinero, Barrios Unidos y Engativá, mejorando tiempos de viaje, integración urbana y sostenibilidad.
Además, representa una pieza clave para el desarrollo de un sistema ferroviario moderno, en una ciudad de más de ocho millones de habitantes que históricamente ha carecido de red metro.
Diversos expertos han advertido que el fracaso de la licitación puede generar incertidumbre técnica y reputacional, tanto para futuros inversionistas como para la planeación a largo plazo de la movilidad en Bogotá.
Nuevo cronograma y relanzamiento internacional
Pese al revés, la Alcaldía aseguró que el proceso deja aprendizajes importantes. Según el Distrito, actualmente existen:
- Pliegos más claros
- Mayor solidez jurídica
- Mejor estructuración técnica
- Financiamiento asegurado con apoyo del Gobierno Nacional
- Créditos comprometidos con organismos como el BID y el BEI
El nuevo cronograma plantea:
- Apertura de la nueva licitación: febrero próximo
- Recepción de ofertas: septiembre
- Adjudicación estimada: primer trimestre de 2027
Además, el alcalde anunció una estrategia internacional más agresiva para atraer empresas con experiencia probada en metros, especialmente de países asiáticos como Corea del Sur y Japón.
Un reto de confianza para la infraestructura pública
Más allá del cronograma, el mayor desafío será reconstruir la confianza del mercado internacional. El éxito de la nueva licitación dependerá de que las empresas perciban un proceso estable, transparente y técnicamente confiable.
La Línea 2 no solo representa una obra de transporte, sino una apuesta estructural por la modernización de Bogotá. Su materialización dependerá ahora de la capacidad institucional para consolidar un proceso competitivo que garantice ejecución y continuidad.



